Palabras, ¿para qué las quiero?
Me aparto, me parto, me adapto
Lo siento
Sobrevivo al huracán de mi pecho
Corriendo con las venas sueltas
Y los dedos amarrados
Me suspendes en tus cuerdas,
Caigo
soy un insecto atrapado
Nadando en ámbar dulce
Higos, nueces, no olvides mi miel, delicia, los besos
Hiel en la que se ahoga mi enjambre
A Fausto le falta tacto
Me atraviesa con su alambre
Zumbido de avispas, me avienta
Me tienta, me revienta y me mira
Me hace santería
Huyo de su juicio, me escondo en el Edén ajeno
(en sus arbustos de ajenjo, el viento me calienta)
Descubro, era el arco de mi voz
Contra el eco de su silencio
Perfecta puntería
Mientras me cargo a cuestas el hueco de su clavícula
La cicatrices de su espalda, amapolas sin raíces
Te disuelves eterno en mi século
¿Dónde estás? ¿Te perdiste del camino?
Vamos, que te falta brío
no has podido causarme sufuciente hastío
En el verano tu pecado expío
Soy fuerte, me arranco las dagas
Las aprovecho como arma, soy un dardo, te embisto
Ambiente de saxo que de mi sexo nunca te cansas
Alcatraz balcánico, aún respiras el humo del fuego extinto, vesánico
Comimos uvas azules pisando la marea púrpura
Me cura, me extingo, locura
Hombre de barro, idilio pagano
Huyes de mi verbo, mas a ti no me ato
Y existo en libertad, porque ya no te amo.
Deja un comentario